martes, 6 de febrero de 2018

El Tachero Fantasma

De esos soberbios. Que no hablan, pero expresan por demás. Que putean casi en silencio, murmuran y refunfuñan con un "tsss" cada 10 segundos como si tuvieran restos de comida entre los dientes. Y el olor a pucho te desmaya. 
Si. Esta es una historia de esos...

Sabemos que debemos al azar muchos de nuestros encuentros con tacheros (y ahondo en el término "muchos" porque creo que con las nuevas tecnologías disponibles para acceder a este servicio, seguramente algunos ya hayan escogido a sus choferes preferidos y los tengan al alcance de un "clic", casi al alcance de la mano, por ello no puedo asegurar casi nada acerca de la casualidad de todos nuestros cruces).

Y somos totalmente conscientes de que pueden aparecerse frente a nosotros también todo tipo de personas y vehículos. Recuerdo con especial esmero la historia de una amiga que llegó a detallarme cómo ya dentro del taxi al que había subido en una oportunidad descubrió que había cucarachas caminando en el asiento trasero, casi como involuntarias compañeras de viaje . Seguramente contaré esta historia más adelante si ella me lo permite...

Pero quien nos convoca a la historia de hoy es un cincuentón (tal vez incluso menor, pero aparentando a una persona de mayor edad debido a sus modismos) cuya "oficina móvil" - como alguna vez llamara otro chofer a su auto - apestaba a encierro y cigarrillos. A mil horas de encierro, y a otros mil cigarrillos, quizás.

Haciendo alarde de mi fe (y de la necesidad urgente que tenía de tomar ese servicio), hice "tripas corazón", y cerré la puerta a mi lado, mientras secretamente deseaba una seguidilla de semáforos en verde sin fin, con tal de pasar allí el menor tiempo posible. 

Es sabido que me encanta escuchar las historias que los tacheros tienen para compartir, pero también soy capaz de reconocer cuando no quieren hablar. Es algo que respeto fervientemente, porque también poseo momentos en los cuales prefiero que la interacción humana sea casi nula. (En caso que se preguntaran, si...soy de las que tienen "ese" carácter...pero no nos desvíemos...).
Además éste no era precisamente un viaje en silencio: cualquier dibujante de historietas se hubiera dado el gran festín con mi personaje al volante, al cual las onomatopeyas parecían emergerle sin fin.

Había suspiros, chistadas, murmullos, resoplidos, alguna que otra palabra inentendible. Lo único realmente audible con casi absoluta claridad eran las puteadas a peatones y conductores por doquier, con y sin lógica. Pero creo que a esta altura la lógica ya no le importaba nada a mi conductor. 

Hablaba en un tono grave, central, profundo pero a la vez hueco. 
El tenía la razón. En todo. Siempre. 

Estoy segura de que fue un viaje corto, aunque resultara eterno para mí, cuasi una tortura. Descendí del coche tan rápidamente como pude, y de la misma manera el taxi desapareció frente a mi. Creo que esta vez no me hice de un amigo. Pero no deja de ser otra historia de este #MundoTacho.

lunes, 29 de enero de 2018

El Tachero Amante

¿No les ha pasado alguna vez que se sintieron, sin quererlo, confidentes de un extraño? En general, esto me suele suceder a menudo. 
Vaya uno a saber la razón por la cual lo eligen para contar algo que nunca habían dicho... y a mi me ocurre seguido. Y sobre todo si es arriba de un taxi.

Puede parecer una locura que contar un secreto a un extraño sea una empresa mucho más sencilla que decirlo a alguien con más cercanía. Existe, obviamente, una explicación psicológica (materia que nunca aprobaré teóricamente, pero de la cual casi podría explayarme empíricamente) que indica que nos sentimos más juzgados por el ojo de aquel que bien nos conoce, y a la inversa, el anonimato de un interlocutor desconocido nos otorga un manto de protección. 

Y en este caso, yo soy la desconocida perfecta.

Perfecta para alguien que se dirime entre dos amores, que no puede elegir entre dos pasiones, alguien que lleva una doble vida (con todo el peso que ello conlleva), alguien a quien le ha sucedido lo que a muchos otros en la historia de la humanidad: el hecho de no poder elegir entre el amor de dos mujeres. 

Así comienza la historia de mi tachero, un hombre joven, dudo que alcanzara los 40 años de edad y quien no deja de recibir llamados telefónicos para lo que pareciera ser el arreglo de una cita con una mujer. Hasta ahí, una situación normal en la vida de hombre, digamos. 

Mi curiosidad se despierta en el momento en que el muchacho al volante recibe otra llamada (de más está decir que me molesta soberanamente hablen por teléfono sin usar el manos libres mientras conducen con pasajero, con lo cual me sentí en todo mi deber de prestar atención al llamado), y mientras mi hombre coordina otra fecha y lugar (claramente con otra señorita), no cesan de llover los mensajes de texto a su teléfono.

"Wow", pensé en lo solícito de este caballero. 

Y como si pudiera oír mis pensamientos se voltea a verme y me dice:
- "Ya no sé que hacer con las dos. Me estoy volviendo loco. Mi novia de toda la vida lo sospecha y creo que ya no se lo puedo ocultar más. Y esta chica me vuelve loco, no puedo dejarla."

Dando rienda suelta a mi nuevo papel de consejera (?) le pregunto qué siente por cada una. Y que si no le resulta posible elegir es porque en realidad sólo ama parte de ellas, y a ninguna en su totalidad. (¡Ni siquiera yo se de dónde salió tamaña reflexión! Pero suena bastante lógica, ¿no?).

Mi viaje era corto con lo cual su resumen fue concentrado al máximo nivel, mientras me hablaba de las bondades de cada una de sus dos mujeres.

Nunca supe cuál fue su decisión final, pero sí sentí que la chica de la cual  estaba verdaderamente enamorado era de la última, y no de su novia de toda la vida, de la cual hablaba con una extrema adoración pero sin pasión. Como quien mira una obra de arte y se queda extasiado por su belleza y lo que ella transmite. Pero sólo es la pintura la que irradia esa energía, y el observador no puede más que contemplarla en todo su esplendor, pero sin animarse a tocarla, sin hacerse de ella. Como si ella perteneciera a un pedestal, o a esa pared, y no a la realidad.

Y el amor, para mí, si carece de pasión, se transforma en aprecio. Pero si la pasión existe (o existió en alguna oportunidad) y todavía hay un cariño profundo y latente, aún acabándose, ese sentimiento que nos deja es el del amor real, honesto.

A veces el amor se presenta en las formas más extrañas, en las personas que jamás te hubieras imaginado. Casi sin quererlo. Y muchas veces lo único que hace falta es tiempo para conocerse. Sólo hay que darse la oportunidad de ver más allá. 

Porque ya lo decía nuestro querido Principito "Lo esencial, es invisible a los ojos", a lo que agrego "por eso, dejá que te guíe lo que en verdad estás sintiendo, que tan malo no puede ser".

Espero que mi tachero amante haya finalmente encontrado ese camino. 

miércoles, 24 de enero de 2018

El Tachero Sensible



Siempre me ha causado una buena impresión cuando quien me recibe arriba de un taxi para emprender un viaje lo hace con una sonrisa. Y ni hablar si además ya se puede empezar a disfrutar una buena música apenas tu cabeza cruza la puerta.

Suelo pensar que existe un patrón en la elección musical del conductor que deja asomar al menos un pequeño atisbo de su personalidad. Lo pienso con cualquier persona que conozco, imaginate si no lo voy a aplicar a mi tachero designado para este viaje...

Y como toda regla establecida - arbitratiamente por mi, como es de corresponder - la he confirmado en cuanta oportunidad tuve: los choferes que escuchan la famosa radio de los clásicos de los 80´s son los más simpáticos. Si, la que tiene nombre de paisaje europeo nevado...
Creer o reventar, como bien cita el dicho popular, los invito a comprobarlo y a que me cuenten si mi "Regla de La Música Ochentosa" es válida.

Pero este no es el caso del tachero que va a liderar mi viaje esta noche. Él es especial. No es como el resto, y no me refiero sólo a la peculiar eleción musical que inunda todo el auto, sino a su propia sensibilidad.

Arrancamos conversando acerca de mi destino del viaje, que casualmente (¡ay...ese destino jueguetón que siempre nos hace pensar si es culpable o no de cruzarnos con alguien!) me llevaba a un sitio donde iba a vivir música. 


Pero claramente al notar que mi selección no era la misma que la de él, mi nuevo comentarista musical me propone jugar a la adivinanza de un tema para testear no sólo mis conocimientos sino también para dejarme en claro cuál era su posición en esta historia. Y me hace escuchar el famoso tema "Ella" (o "She", popularizado por Elvis Costello), pero en una versión en cuatro idiomas: español, italiano, alemán y francés. Obviamente le comento que conozco la pieza aunque definitivamente nunca había oido esa versión ( y que aqui les dejo para quien guste oírla: https://www.youtube.com/watch?v=sU3KaR7jMNo)

Pero nuestra charla no acaba aqui...comenzamos a hablar de música en general y comienza a citarme músicos españoles, cuyos nombres jamás había oído nombrar y a poner canciones de estos artistas...mientras cantaba mirando siempre al frente, por supuesto, y movía sus manos con ademanes dignos de un escenario.



Y luego de esto es donde me comenta la verdadera esencia de esta historia...

- ¿Alguna vez te pasó de escuchar una canción en inglés y que no sepas lo que dice pero que la piel se te ponga de gallina por el solo hecho de escuharla? - me pregunta curioso.
Sin dudarlo, le digo que si, que me ha sucedido más de una vez.

- A mi me pasó una vez - responde - con el tema de un tal blent (que ya avanzada nuestra conversación comprendí se refreía a James Blunt, quien popularizó el tema "You´re beautiful")

- Conozco el tema - le respondo son soberbia, mientras aclaro que sé perfectamente de qué trata la letra. "Al final, es una historia triste", le digo.

Como si no hubiera prestado atención a mi comentario, me cuenta:


"- La primera vez que escuché esta canción, estaba en el taxi. Manejando. Y fue tan profunda la forma en que me llegó que me puse a llorar. Mientras lloraba al volante, un patrullero que pasaba al lado mío, cuando abrió el semaforo en que estaba parado, me hace señas para estacionarme. 
Se detiende delante mío, y el agente baja del auto y se me acerca a preguntarme qué me había pasado, que me había visto llorar por la ventanilla y quería saber si estaba bien. 
"Estoy bien", le dije. Y le conté lo que me había pasado con esa canción. 
El policía me dió una palmada en el hombro, y sin decirme nada, se fue de nuevo al patrullero -."

Me cuenta mi tachero,  que tiempo después supo acerca de qué se trataba la canción y comprendió porqué se había sentido tan conectado con esa melodía. 


Por mi parte, amé el gesto noble del policía que estaba pendiente del bienestar de alguien más.


La música une, nunca lo dudes. 

La música enseña a que guardes tu soberbia, y escuches. 
La música te deja historias, como mis historias de tacheros.

Historias de Tacheros: Razones y Caprichos o cómo llegamos hasta acá

A veces uno se encuentra con personas que te dejan una historia…
Puede ser el mero hecho de que te intrigue, y quieras entablar una conversación, o sólo quieras escuchar. 
Puede ser porque sólo busques un momento de cordialidad con un extraño. 
Puede ser porque en tu creencia más recóndita y esotérica, sos de los que piensa que a fin de cuentas si alguien se cruza en tu camino debe ser con algún objetivo oscuro del destino (o como prefieras llamarlo).

Y a mi me pasa…
Me pasa un poco de cada una de las instancias que explicaba arriba. Algunos días pesa más la curiosidad, otros la amabilidad y otros el creer que hay algo más profundo en este universo que simplemente no somos capaces de entender.
De esta forma, me animo a hacer un compilado (esta palabra me genera cierto desdén, como si la calidad de las historias que pueda reunir no fuera lo suficientemente buena…aunque creo verdaderamente que en el fondo me asusta no poder tener la suficiente gracia literaria para contarlas sin que se marchiten) de las anécdotas que he ido viviendo en un solo sitio: El taxi.

Y vaya que es un lugar más que original para encontrar historias. 
Tanto es asi que hasta un famoso cantante latinoamericano ha hablado de la historia del taxi, donde en la letra de su melodía subyace una historia de amor…y de cuernos. Bueno, también tengo una historia que me han contado de esas... Ya les hablaré al respecto.
Pero antes quisiera dedicarle un momento al personaje del taxista, y aquí me limito a hablar de personaje porque prefiero separar a la persona real de la historia que me cuenta, no a los fines de desdramatizar ciertos relatos cuyo contenido emocional es altísimo…sino porque prefiero que ellos queden en el anonimato.
Me gusta saber sus nombres, eso seguro, y es algo que siempre intento averiguar apenas me subo a un taxi, porque me genera confianza saber con quien estoy hablando. Pero prefiero que queden en esta selección como caracteres de un cuento de vida.

Conocer su nombre es saber al menos un dato mínimo de quien está tras el volante. Dato cuasi público de quien va a liderar tu viaje y va a tener tu vida en sus manos por unos momentos. ¿Cómo no es posible considerar eso una relación? Y esa relación entre chofer y pasajero que se genera en esos minutos de viaje puede llegar a ser mucho más honesta que cualquier otro tipo de interacción humana.
Pero ya me fui de tema. Querido lector, pido disculpas, puesto que esto es un defecto narrativo que ya viene conmigo. Le pido disculpas por la distracción, pero suelo escabullirme por las ramas. Lo único que puedo asegurarle en esta instancia, si es que continúa leyendo, es que sin duda lo volveré a hacer. Disculpas por adelantado nuevamente!

Volviendo a nuestros protagonistas de estas historias, ellos son hombres y mujeres, que trabajan duro, casi siempre muchas horas, a veces, demasiadas. Que tienen que lidiar con el tránsito de esta hermosa y loca ciudad que es Buenos Aires. Quienes también tienen que soportar muchas veces el humor de sus pasajeros (no siempre afables). Y además, tratar con su propio humor: nadie en su sano juicio tiene el mismo humor dos días seguidos…ni hablar de mantener un “mood” estable en las 24 horas que se nos escurren entre salir de casa a la mañana y volver a la noche.
La verdad es que cada uno con sus propios conflictos y tribulaciones hace lo que puede por sobrevivir arriba del auto día a día. Y nada más alejado de mi intención con estos relatos es que se sientan ofendidos, maltratados o perjudicados por estas historias. Por eso obviamente no tendremos nombres, sino títulos de fantasía.
No creo que llegue a suceder, pero si de casualidad, alguno de ellos se encontrara reflejado en mis cuentos, espero no lo tome a mal, sino que comprenda que su historia fue tan importante para mí que aún la recuerdo con el aprecio sufiente como para intentar, y solo intentar, contarla lo más fielmente posible a quien quiera leerla.

Sin más preámbulos, estas son Mis Historias de Tacheros.

martes, 23 de enero de 2018

De Buenos Aires al mundo: una de tacheros

Si buscamos en el diccionario (bueno, hasta yo sé que pedir eso es casi imposible en la era de Google y Wikipedia) la palabra "Tachero", nos encontraríamos con la definición más simple de esta noble ocupación, y cito: Persona que conduce un taxi.


Pero como anteriormente dijimos, ésta es sólo la esencia de la palabra cuya etimología se remota al lunfardo argentino donde comúnmente llamamos "tacho" al taxi (una de las acepciones más populares indica que esto deriva del material metálico principal de un automóvil...creer o reventar), y de allí que llamemos coloquialmente "tachero" a nuestro amigo conductor.

El o La taxista es mucho más que un mero conductor, para mí es el director principal de la experiencia que vivas allí: buena, mala, regular.
La idea de este blog es compartirles algunas historias que me han quedado en la cabeza de mis viajes en taxi, no sólo en Buenos Aires, sino en el mundo.

Bajamos bandera, y arrancamos!

El Tachero Fantasma

De esos soberbios. Que no hablan, pero expresan por demás. Que putean casi en silencio, murmuran y refunfuñan con un "tsss" cada ...